Me llamo Vanesa, soy asturiana, nacida en Oviedo pero criada en Pola de Lena, un pueblo de la cuenca minera, y también manchega de adopción. Actualmente vivo en Puertollano (Ciudad Real), una ciudad que en sus buenos tiempos fue minera y que ahora vive prácticamente de la industria, o mejor dicho de lo poco que queda de ella. ¿Qué cómo una asturiana fue a parar en la Mancha? Pues tras 18 años en los cuales mi padre estuvo recorriendo España  y metiéndose auténticos palizas en carretera para estar con nosotros los fines de semana, mis padres deciden hacer el traslado porque se suponía que a mi padre le iban a destinar por esta zona. Efectivamente fue así, pero por un par de años nada más. Por circunstancias del trabajo otra vez le tocó irse lejos, Zaragoza, Madrid, Toledo… y como mi hermano ya había empezado el instituto, yo la universidad y habían vendido el piso de Asturias decidimos quedarnos.

Estudié la carrera de Administración y dirección de empresas en la UCLM, todavía no la he terminado y con el plan Bolonia creo que no la terminaré nunca. A parte de que la carrera no me gusta nada y la elegí por elegir algo aparqué el tema de los estudios porque empecé a trabajar.

Actualmente soy operadora de planta química, trabajo a turnos y según como me toque el cuadrante trabajo festivos y “días de guardar”, lo que me permite descansar cada 27 días 10 días y 17 si es en temporada estival y por lo tanto poder viajar.

Si tuviera que elegir el momento en el cual me enganché  a ese vicio llamado viaje diría que desde muy pequeña. Mi madre tenía una amiga, Charo, que para mí era mi ídolo. Una chica soltera, sin hijos, sin ataduras, con trabajo, dinero y con una afición, recorrer mundo. Todos los años Charo hacía un gran viaje, la mayoría de las veces sola, y a su regreso la esperábamos impacientes en casa con sus regalos y fotos. De los regalos que mejor me acuerdo (porque era muy pequeña) son una torre Eiffel, un ojo de la buena suerte de Turquía, un escarabajo de Egipto y una muñeca rusa. Me encantaba esta con Charo!! y siempre me repetía una y otra vez que de mayor quería ser como ella y lo conseguí… Con 27 años tenía mi trabajo estable, mi propio piso, mi coche y disponibilidad para viajar.

En mi familia nunca hemos tenido unas vacaciones como las que tenían mis amigos con sus padres, es decir, irse a la playa dos semanas a la otra punta de España. En su día no lo entendí pero con el paso del tiempo me di cuenta que bastante tenía mi padre con trabajar fuera, lejos de su familia y de su casa como para tener que tirarse 15 días en una ciudad como sardinas en lata. Además…vivíamos en Asturias!!! El paraíso natural por excelencia. Aún así recuerdo mi primer viaje fuera de Asturias, bueno en realidad no fue el primero pero eso lo explicaré más adelante. Mi primer viaje en familia fue a La Coruña porque mi padre trabajaba ahí y fuimos unos días aprovechando que sus compañeros de piso estaban de vacaciones. Luego en los siguientes años hicimos lo mismo, pasábamos unos días en el sitio en el que trabajaba mi padre, Ávila y Ciudad Real (Argamasilla de Calatrava, Almodóvar del campo y Puertollano) hasta que nos quedamos a vivir en Puertollano.

Mis primero pinitos viajando sola, es decir, sin familia, fue en el viaje de estudios del colegio (Sevilla y Granada). Por aquellos entonces eso era un lujazo pero donde realmente quedé oficialmente enganchada y con ganas de más fue en el viaje de estudios del instituto a centroeuropa (Francia, Italia, Austria, Alemania y República Checa). Ahí fue donde me juré que el día que empezara a ganar dinero me lo gastaría en viajar.

Cuando empecé a trabajar mi primer destino fue el Algarve en Portugal, donde me lo pasé genial con mis amigos y también empecé a descubrir otras ciudades como Barcelona y el sur de España. Fue amor a primera vista y hoy en día tanto la costa de Cádiz como la de Cabo de Gata (Almería) son mis sitios fijos de veraneo.

EN Noviembre del 2008 sucedió una desgracia que cambió mi vida y la de mi familia por completo, la muerte de mi padre en un accidente de trabajo en Toledo. Ese mismo día yo había cogido mis 10 días de descanso y me había ido con mis amigos a una casa rural en Cabañeros. Fue por la noche cuando me llamó mi madre para darme la mala noticia y convertir ese día en el peor de mi vida. A partir de ahí empezó mi fobia a viajar por miedo a que pasara algo y me pillara lejos y despedirme con la sensación de que a lo mejor no iba a volver a ver a mi hermano o a mi madre. No recuerdo cuánto tiempo estuve así pero fue el suficiente para darme cuenta de que si seguía así nunca más iba a volver a ser la misma y que estaba desaprovechando la oportunidad que me había dado el destino para hacer lo que más me gustaba, viajar. Así que dándole vueltas a la cabeza encontré la mejor solución: viajar con mi madre.

Mi madre aunque a veces tenga pensamientos un poco conservadores, tal vez por la cultura que le tocó vivir en realidad siempre fue una adelantada a su tiempo y con espíritu viajero. Con 18 años y tras superar una grave enfermedad decidió pasar de la sobreprotección de mi abuela y salir de su país (Perú) para conocer mundo y como no eligió España, luego Irlanda y luego… conoció a mi padre y le eligió a él. Fue a partir de entonces cuando empezó una vida que en ningún momento tenía planeada. Estaba a miles de kilómetros de su familia, sola en un país totalmente diferente al suyo, cuidando de dos hijos y viendo a su marido los fines de semana. Y cuando por fin sus hijos se hicieron autosuficientes, se había comprado una casa con mi padre en el campo y tenía muchos planes de  futuro sólo para ellos la vida la golpea y muy duro quedándose otra vez sola. Desgraciadamente tienen que pasar estas cosas para darte cuenta de que a la vida hay que exprimirla y no se me ocurre mejor manera de pasar los últimos momentos que nos queden juntas que viajando y quedarme con la satisfacción de que mi madre pudo cumplir su sueño de ver mundo.

Sin perder más el tiempo y tras convencerla de que viajar nos serviría como terapia comenzamos con un viaje a Tenerife, luego Riviera Maya, Fuerteventura, Roma, Perú y Bali

PicMonkey Collage

 

Yo a parte también sigo viajando por mi cuenta, con amigos, que enmadrarse mucho tampoco es bueno…

Y este es un resumen de mi vida que espero seguir contando en los siguientes posts y seguir viajando mucho mucho tanto con amigos como con mi madre. Así soy yo!!! 😉

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